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Pastelería La Mallorquina

Pastelera La Mallorquina
Esquinas Txurruca-Andía, Camino-Idiaquez e Idiaquez 8
Fundador: Jorge Balaguer, José Coll y Juan Ripoll
Año de apertura: 1871  |  Año de cierre: 1958

· Historia

La pastelería “La Mallorquina” fue fundada en 1871, por tres socios: Jorge Balaguer, José Coll y Juan Ripoll. Posiblemente todos de origen mallorquín y probablemente con relación familiar, ya que el segundo apellido Bauzá, coincide en los tres personajes.

La Mallorquina fue una pastelería que nació al mismo tiempo que el nuevo San Sebastián, tras el derribo de las murallas (1864). A los cinco años de que aparecieran los primeros edificios del recién abierto Boulevard, se empieza a edificar la Plaza de Gipuzkoa y junto a ella, en la esquina de las calles Andia y Garibay (donde hoy en día se encuentra la iglesia de los Jesuitas) se construye un edificio singular, el Teatro-Circo. Su arquitecto fue Antonio Cortázar, el mismo que había diseñado el ensanche. Estamos en los años 1870-71.

Una ciudad balneario como aquella Donostia incipiente, necesitaba un Teatro-Circo de gran capacidad donde música, teatro y varietés pudieran dar distracción a una clientela pudiente que como la familia Real, visitaba la ciudad durante buena parte del año. En este estratégico lugar, junto al Teatro-Circo, en la esquina Txurruka-Andia se instaló una nueva pastelería: “La Mallorquina” que tuvo un éxito inmediato, ya que siguiendo la moda de otras capitales europeas la confitería contaba además con un servicio de cafetería y restaurante, siendo su principal atractivo la cuidada bollería que se elaboraba en sus propias instalaciones y que, aún caliente, se servía a sus clientes.

En un anuncio de época navideña, publicado en un periódico local en plena guerra, durante el asedio carlista a la ciudad (1874), podemos leer los productos que preparaban para esas fiestas. La mayor parte lo dedicaban a los turrones con multitud de presentaciones: “Gijona, Nieve, Yema, Capuchina, Alicante, Mazapán de Toledo, Batata, Limón, Naranja, Membrillo, Frutas, Coronado, Guirlache, Coco, Crema, Canela, Montelimar, Crocante y Piensa en mí. Se ve que no faltaban los productos coloniales o ultramarinos, como frutas finas, plátanos y jaleas de Guayaba”. Hacían también la solicitada Anguila de Toledo de mazapán. Avisaban que pese a las críticas circunstancias (de la guerra) los precios no variaban respecto al año anterior…

De Adrián de Loyarte recogemos una descripción de La Mallorquina: “Su pastelería era un ángulo abierto, que hacía del mostrador considerable amplitud. La adornó con elegante vitrina… y en el centro del mostrador una fuentecilla para agua dulce, ornamentada también con figura simbólica”. También nos relata cómo “los domingos, al terminar el concierto del Boulevard, el público llenaba la nueva pastelería. La mayoría compraba los pasteles y una buena parte se quedaba a comer en la nuevas y lindas mesas del pastelero mallorquín”.

La vida de esta pastelería tuvo especial éxito y desarrollo mientras duró el Teatro Circo, hasta finales del siglo XIX.

En 1891, uno de los socios, Balaguer, compró una finca en la falda del Igeldo (J.Sada en el Diario Vasco del 17/9/06). El antiguo caserío Olarain, donde ahora se ubica la Ikastola Ekintza. La denomina, cómo no, “Villa Mallorquina”. Su idea era autoabastecer la pastelería y restaurante con los productos de su vaquería, huerta y corral. En 1903-05 esta casería pasaría a manos de una orden religiosa francesa que como el resto de órdenes que se dedicaban a la enseñanza, había sido expulsada de su país. Allí ubicarían un distinguido y selecto colegio francés llamado Captier, con enseñanzas aristocráticas como la esgrima y la equitación. El colegio duraría hasta 1920 en que los dominicos vuelven a su ciudad de origen, Arcachon. La capilla de Lourdes Txiki es lo que queda de recuerdo de aquella época.

En 1894 abren también una elegante pastelería-cafetería en Madrid, nada menos que en la Puerta del Sol esquina con c/ Mayor. Parece que antes ya se habían hecho cargo de otra pastelería, hoy desaparecida, en la calle Jacometrezo 4 (luego 10-12), junto a la Gran Vía. Una más hubo también la c/ Montera 51. De La Mallorquina de Sol se haría cargo Juan Ripoll y hoy en día es una de las más afamadas pastelerías de Madrid, conservando además su nombre original de La Mallorquina.

La calidad de todas sus preparaciones era reconocida, pero como buenos mallorquines, la palma de sus productos se la llevaba la inmejorable ensaimada, y con ella una preparación especial, el Tortell, una especie de rosco con masa similar a la ensaimada y rellena de cabello de ángel. En palabras de Adrián de Loyarte: Las ensaimadas “que se elaboraban con unas levaduras que no tenían rival, levaduras mallorquinas… Resultaban de una exquisitez tan superior, que el mejor sibarita no podía apetecer en el dulce pastelero, nada más sabroso… los Torteles de la Mallorquina eran el refinamiento de la más agradable pastelería…” (La vida de la ciudad de S.S. 1900-1950).

A final de siglo, la pastelería de la c/ Andia sufriría una renovación, coincidiendo con las obras que transformarían el “licencioso” Teatro-Circo en la “piadosa” iglesia de los Jesuitas, conservando el templo actual la misma forma circular que había tenido el circo. Posiblemente ante la reforma a realizar, abrieron otro nuevo establecimiento en la esquina opuesta de la plaza de Gipuzkoa, de Camino con Idiakez. En 1902 volvía a estar abierto el primitivo local, que curiosamente recibió el nombre de “La nueva Mallorquina”, quedando el de “La Mallorquina” para el local de Camino 7. En la manzana intermedia de la Plaza de Gipuzkoa, quedaba su principal competidora: “La Urbana”, otro Restaurante-pastelería de gran fama. No sabemos cuánto tiempo convivieron ambas pastelerías “mallorquinas” pero en 1910 ya consta en la esquina de Txurruka la camisería James (desde 1920 y hasta hoy, Aristizabal), quedando únicamente la de Camino-Idiakez.

En 1916 murió uno de los fundadores: José Coll Bauzá. Casado primero con Margarita Uranga y luego con Inés Zumelzu, había tenido dos hijos con su primera mujer, pero éstos no parece que siguieron en el negocio, y sería un sobrino, Miguel Coll Mas, venido de Petra (Mallorca) quien se haría cargo de la pastelería. De los otros socios sabemos que Juan Ripoll se había encargado de La Mallorquina de la Puerta del Sol madrileña. Para 1918 aparece dicha pastelería como de los “Hijos de Ripoll” lo que hace suponer que ya hubiera fallecido. En cuanto a Jorge Balaguer, también se debió trasladar a Madrid, y aparece todavía en 1921 llevando las pastelerías de las calles Jacometrezo y Montera.

En 1911 ya vemos en una fotografía, a Miguel Coll Mas con su mujer Luisa Palacios Cuenca y el primero de sus hijos, Miguel, en el local de la esquina Camino-Idiakez. Este local restaurante posiblemente duró hasta que se trasladaron, hacia 1924, a un nuevo local en Idiakez 8 dedicado a pastelería y salón de té. Ya no había servicio de restaurante, pero el trabajo era suficiente como para mantener a casi una decena de operarios en el obrador. Este establecimiento con sus ricas ensaimadas y torteles, todavía es recordado por algunos donostiarras.

Al fallecimiento de su padre en 1948, Miguel Coll Palacios se hizo cargo de la pastelería en donde había trabajado toda su vida, exceptuando el intervalo de la guerra, ya que estuvo en el frente junto a su hermano Juan. Además de su trabajo en La Mallorquina, también llegó a ser jefe provincial del sindicato de Alimentación y fue Presidente de la cooperativa “Gremio de confitería”. En el año 1951 Miguel Coll se pudo dedicar también a su verdadera vocación, la de fotógrafo, teniendo un comercio en la calle Zubieta.

Elena Coll Asiain, nieta de Miguel Coll Más y sobrina de éste último Miguel Coll Palacios, además de aportarnos material gráfico, nos recuerda cuáles eran las especialidades más renombradas de La Mallorquina: las inigualables ensaimadas, los torteles, el rosco de Reyes, las anguilas (hechas de mazapán y antiguamente el producto más apreciado en navidades), los turrones, el hojaldre, los volaos y los bocaditos de leche. Estos bocaditos eran unos bizcochos, cubiertos con dulce de leche y fondant y que por lo visto, eran los preferidos de la reina María Cristina, que los tomaba acompañados con un “málaga”, siempre que acudía a la mallorquina acompañada por su hermano el archiduque Eugenio.

Elena también nos recuerda el nombre de dos de las dependientas del último establecimiento: Mª Luisa Garayoa “Gara” y Gregoria “Goya”, que junto a Pilar Sarasqueta , la esposa de Miguel atendían la pastelería y salón de té, siendo ayudadas en los días especiales Navidad, Reyes… por su abuela Luisa Palacios y su madre Ramona Asiain. En 1958, La Mallorquina cerró sus puertas tras la friolera de 87 años ofreciendo a donostiarras y veraneantes sus sabrosos pasteles, y dejándonos el recuerdo inolvidable de sus deliciosas ensaimadas “mallorquinas”.

· Imagenes relacionadas

  • Pastelera La Mallorquina - Jos Coll Bouza, uno de los tres fundadores y to de Miguel Coll Mas.
  • Pastelera La Mallorquina - Miguel Coll Mas, se hara cargo de la pastelera a la muerte de su tio, hacia 1916
  • Pastelera La Mallorquina - 1913. Segundo local de La Mallorquina abierto en la c/ Camino 7 esquina con Idiakez.
  • Pastelera La Mallorquina - 1913. De izd. a dcha.: un dependiente, Luisa Palacios, madre de Miguel Coll. Niera con Miguel en brazos, Miguel Coll Mas y una dependienta.
  • Pastelera La Mallorquina - Familia Coll-Palacios. De izda. a dcha. Juan, Miguel, Miguel Coll Ms (sentado), Luisa Palacios y Maria Luisa
  • Pastelera La Mallorquina - Escaparate de navidad, con las tradicionales anguilas y las cestas de navidad.
  • Pastelera La Mallorquina - 1948. Miguel Coll Palacios y Pilar Sarasqueta en Idiakez 8.
  • Pastelera La Mallorquina
  • Pastelera La Mallorquina - Utensilios guardados por la familia
  • Pastelera La Mallorquina - Utensilios guardados por la familia
  • Pastelera La Mallorquina - Caja de bombones.
  • Pastelera La Mallorquina - Escudo de La Mallorquina de un sobre comercial
  • Pastelera La Mallorquina - 1874. Anuncio aparecido en el Diario de San Sebastin en las navidades de 1874.
  • Pastelera La Mallorquina - 1905. Colegio Captier en la antigua Villa Mallorquina de J.Balaguer (y antes Casero Olarain) en las faldas del monte Igueldo. (Hoy Ekintza Ikastola)
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