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Imprenta Baroja

Imprenta Baroja
Plaza de la Constitución nº 2
Fundador: Ignacio Ramón Baroja Arrieta
Año de apertura: 1812  |  Año de cierre: 1991

· Historia

Imprenta Baroja. Fundada en 1812 por Ignacio Ramón Baroja. Plaza de la Constitución 1 y 2. Cerrada en 1991.

Hablar de los Baroja y su imprenta de San Sebastián, obligadamente, es un acto de síntesis de una saga que desde comienzos del siglo XIX ha tenido una importancia capital en el devenir cultural de la ciudad y al que han contribuido muchos actores con ese apellido.

Los Baroja han sido una familia de impresores, pero además de la imprenta de la Parte Vieja no hace muchos años desaparecida y que se anunciaba como “La Primitiva Casa Baroja”, también fundaron, colaboraron, editaron e imprimieron periódicos y revistas, formaron parte sobresaliente del pensamiento y la intelectualidad donostiarra, tuvieron cargos de responsabilidad en las corporaciones municipales, impulsaron la cultura vasca y fiestas populares, y fueron un sólido pilar del liberalismo que tanta importancia tuvo en la historia del País Vasco en el siglo XIX, y en el futuro esplendor que llegaría a tener nuestra ciudad.

En 1912, con motivo del centenario de la imprenta, la revista Euskal-Erria publicó la hasta entonces historia de la Casa Baroja Ahora, casi 100 años después, intentamos completarla

Remontándonos a los orígenes de la “saga Baroja” se debe nombrar en primer lugar a Juan Arrieta, hijo del boticario de Oiartzun José Arrieta, que había fallecido en 1794. Juan no tenía el título facultativo para heredar la farmacia y para mantenerla haría venir a Rafael Martínez de Baroxa, boticario nacido en Haro que casa en 1896 con María Josepha Arrieta Oiarzabal hermana de Juan. En otras fuentes se afirma que Rafael habría entrado a trabajar como mancebo de la farmacia algún año antes…

Ignacio Ramón Baroxa Arrieta, fue el primogénito de ese matrimonio. Nace en Oiartzun el día de San Ignacio en 1797 y sería el fundador de la “Primitiva Casa Baroja” de San Sebastián a comienzos del s.XIX.

Posiblemente sería su tío, Juan Arrieta, reconocido calígrafo, quien introdujera a Ignacio Ramón en el mundo de la imprenta, junto a su padre Rafael (Martínez de) Baroxa, pues habrían puesto una imprenta en Oiartzun. Sea cual fuera el inicio, en 1812, contando tan sólo con 15 años, se traslada a Donostia y funda su primera imprenta en la calle de la Trinidad nº 5 (actual c/ 31 de Agosto). Fue mal momento para instalarse en la ciudad, entonces tomada por el ejército de Napoleón, porque tras el asalto del ejército aliado de Wellington para expulsar a los franceses, el 31 de agosto de 1813, San Sebastián es arrasada y la imprenta o su local también se quema. Ignacio Ramón se vuelve a instalar en Oiartzun.

A finales del mismo año 1813, Ignacio Ramón Baroxa ya está firmando la “Papeleta de Oiartzun” en dicha población, un periódico semanal que principalmente daba noticias de la marcha de la guerra en Europa. En 1814 salen de esa imprenta las “Ordenanzas del Consulado de San Sebastián”. Otras publicaciones sobresalientes eran los Registros de las Juntas Generales y Particulares de Gipuzkoa, que con la imprenta “La Lama” de Tolosa, alternaron hasta 1834. En 1818 Baroja trabajaba todavía en Oiartzun pero en ese mismo año ya aparecen también impresiones realizadas en San Sebastián

Según fuentes, en 1815, Ignacio Ramón ya habría vuelto a su antiguo local de la c/ Trinidad, al mismo tiempo que la ciudad empezaba a renacer de sus cenizas, pero el funcionamiento de la nueva imprenta no se constata hasta 1818, establecido ya en la ubicación que hemos conocido siempre, en la Plaza de la Constitución nº 2, (denominada entonces Plaza Nueva y reconstruida ente 1817 y 1824). Este edificio habría sido el segundo construido de la renaciente ciudad tras la casa del Sr. Brunet.

Ese año publica una importante obra médica: “Manual de medicina práctica” de P.H.Nysten. Uno de los traductores al castellano era José Passaman, entonces médico de San Sebastián, como consta en la presentación del libro. Hacia 1824 publica la obra de Iztueta “•Guipuzciaco dantzak…” y otras dos más del mismo autor antes de 1830. En esta primera época de la imprenta de Ignacio Ramón, la obra más prestigiosa editada fue “La historia de la revolución francesa” de M.A.Thiers, de 12 tomos traducida por Sebastián Miñano; Otras obras reconocidas son Compendio Historial de la M. N. y M. L. Provincia de Guipúzcoa por el doctor... en el año 1625 de Lope de Isasti (1850), Historia compendiada del Reino de Navarra de José Yanguas (1832). Publica también las obras de Agustín Iturriaga (Fábulas y otras composiciones en verso vascongado…” en 1842), Fco. Ignacio de Lardizábal (Gramática Vascongada en 1836), Fco. Ignacio Jáuregui (Galbarioco bidea en 1844), un tratado de Policarpo Balzola en 1853 sobre la adaptación del nuevo sistema decimal y muchas obras más… pero hay unos curiosas publicaciones que parece se hicieron en esta imprenta sin llevar la firma de la editorial, ya que serían libros prohibidos por el catolicismo o cuando menos mal vistos. Son los que publica Luis Usoz y Río, un raro personaje en la España del siglo XIX ya que era protestante (cuáquero), y las publicaciones iban en contra del catolicismo integrista de la época. Fernando Brunet habría sido el intermediario para que Ignacio Ramón imprimiera parte de la colección de “Antiguos Reformistas Españoles” en donde se recuperaban las obras de pensadores heterodoxos del siglo XVI que habían sido silenciadas. El espíritu liberal y anticlerical parece que fue norma en la saga Baroja de aquella época.

Ignacio Ramón continuó imprimiendo los Registros de Juntas. Publicaba también los “Almanak” o calendarios, y se hace habitual la edición de periódicos. Así, en la imprenta de Ignacio Ramón Baroja además de la aludida “Papeleta de Oiartzun” hemos comprobado las siguientes publicaciones: “El liberal Guipuzcoano” en 1820-23 y reeditada en 1840-41; “La Estafeta de San Sebastián” en 1830-31 (fundada por S.Miñano); “Revista de legislación extranjera” de 1825 a 1856; “El Guipuzcoano” en 1861-67, (que fue dirigida por su hermano Pío Baroja Arrieta, que tenía una librería en el lado opuesto de la imprenta de la Plaza de la Constitución); “La Crónica de Guipuzcoa” en1840; “La Semana” en 1883; el “Diario de San Sebastián” en 1848; “La Unión Vascongada” en 1891ahora ya con el nombre de Imprenta Hijos de I.R.Baroja. En cuanto al periódico de “El Urumea” (directores, Ricardo y Serafín Baroja Zornotza, hijos de Pío Baroja Arrieta), se anunciaba con la redacción y la imprenta sita en la casa familiar de la calle Oquendo 4. También en Oquendo 4 se publica la revista “El Aurrera” en 1882.

Serafín Baroja Zornotza fue el padre de Pío Baroja Nessi, (el conocido escritor y novelista, nacido en esta dirección y no en su nº 6 como hoy en día recoge una placa conmemorativa puesta en dicho edificio). Serafín era un destacado vascófilo, que fue artífice de la primera publicación periódica en euskera realizada en Pamplona en 1883, un periódico bilingüe llamado “Bay jauna, bay”. También llegó a dirigir la revista “Euskal Erria” fundada por José Manterola, que tuvo una gran importancia para el mundo cultural vasco y en la que también participó su hijo Pío. Esta revista se imprimía en la imprenta de la parte vieja (por cierto, no hay que olvidar que la letra del himno donostiarra de Sarriegui fue obra de Serafín).

Desde la fundación de la imprenta, en los libros publicados, el nombre de la editorial apareció como “Ignacio Ramón Baroja” (o Baroxa en sus comienzos). En los primeros años, y seguramente debido a la juventud de Ignacio, es su tío Juan Arrieta el que firmaba los contratos. Ignacio Ramón murió en 1874 con 77años. Tras la muerte de su padre fue Antonio Baroja Echeverria quien se hizo cargo de la imprenta pero enfermó y falleció en 1882. Desde 1879 es su hermana Josefa quien dirige la imprenta al principio ayudada por su marido Canuto Ignacio Muñoz, muriendo éste en 1885. Para entonces la empresa ya se denominaba “Hijos de I.R.Baroja”. Canuto fue un personaje muy especial y con gran significado cultural en la ciudad especialmente en los círculos euskaldunes. Director del Instituto municipal de segunda enseñanza, junto a sus amigos José Manterola, José Irastorza, promovieron la fiesta de Sto. Tomás (1877) y el “Consistorio de Juegos Florales” (1882).

Después de 1885 la imprenta pasaría a denominarse J.Baroja e Hijo. La “J” hacía alusión a Josefa y el hijo era Joaquín. Es en esta época de Josefa cuando en 1896 el Ayuntamiento de San Sebastián hace un homenaje a esta Casa Baroja, reconociendo en un certificado que en 1818 habían sido nombrados “impresor de la ciudad” reconoce el título de “impresor de la ciudad”, aunque ya en 1834 en una publicación aparecía como “Impresor de esta M.N. y M.L Ciudad y Real Junta de Comercio”. Junto a Joaquín Muñoz Baroja, también trabajará su hermano Valentín por lo que el nombre de la imprenta aparece como “J.Baroja e hijos” a finales de la primera década del s.XX. Josefa muere en 1912 y según nos relata Serapio Múgica, parece que entonces trabajan los dos hermanos en el mismo lugar pero por separado, sin que esto fuera motivo de competencia. Joaquín es el que queda en la imprenta finalmente, tomado el nombre de J.Muñoz-Baroja. De aquella época sería la librería de la calle Churruca, que posteriormente fue vendida a Carmen Lanz y que mantuvo el nombre de “Viuda de Muñoz Baroja y sobrino” y con el añadido en letra pequeña de sucesores de M. Lanz, lo que ocasionaba constantes equívocos entre clientes y proveedores, y protestas por el verdadero Baroja de la parte vieja.

Joaquín Muñoz Baroja (1870-1966) es otro personaje más de la saga, que tiene una significación especial en la vida cultural donostiarra. Baste decir que fue uno de los 20 cofundadores del Orfeón Donostiarra (1897) y primer presidente de este prestigioso coro. También fue vicepresidente de la Sociedad Oceanográfica y tesorero de la Real Sociedad Vascongada del País.

A lo largo del siglo XX la mayoría de los trabajos realizados fueron comerciales: talonarios, impresos, tarjetas, prospectos… En 1973 es Ignacio Muñoz Baroja Álvarez el que está al frente de la imprenta (el apellido Muñoz-Baroja había quedado unido para los hijos de Joaquín). Sus hijas Mariaje y Coro empiezan a trabajar hacia 1968, permaneciendo la primera hasta 1990 y Coro hasta el cierre de la imprenta en 1991. También sus hermanos Javi y Asun trabajaron en la imprenta. Al fin y al cabo, siempre había sido habitual en la saga, que desde pequeños pasaran a ayudar en la imprenta, aprendiendo un oficio que parece les quedó como una huella genética.

Entre los trabajadores de la imprenta, Mariaje y Coro recuerdan al parsimonioso José Irure, siempre con su pipa, jefe de cajista; Vicente Martínez, regente (encargado); Ángel Montoya, encuadernador; Luisa Michelena, manipuladora cuando el doblado y plegado se hacía a mano; Carmen y Mariflor, y Carlos Mendiburu, que tras Vicente fue el nuevo regente de la imprenta.

En 1984 la imprenta vivió la que sería su última fase de vida, retomando la publicación de libros, apoyando a escritores locales y la traducción de textos de historia o literatura clásica al euskera. Para ello crean la editorial “La Primitiva Casa Baroja” de la que fue director Felipe Juaristi, publicando él mismo varios libros de poemas como Denbora, nostalgia e Hiriaren melankoli. Entre la lista de autores publicados están: Mikel Azurmendi con una historia de Grecia (Kontu kontari Grezian barrena), las novelistas Luisa Etxenike (“Silverio Girón”…) y Begoña Ameztoy (“El círculo”), Julia Otxoa con su “Antología poética”, Álvaro Bermejo (“La torre de Casandra y otros relatos alrededor de la locura”), Patxi Apalategi que colaboró en la traducción al euskera de las obras de Pío Baroja y muchos más como Carmen Martín Gaite, Patxo Unzueta , Teresa Arocena, Raul Guerra Garrido, Begoña Aretxaga, Manuel Blanco Chivite…

En 1991 la imprenta tuvo que cerrar. Dos factores incidieron con especial importancia: Por una parte, la nueva normativa urbana hacía difícil permanecer en el lugar que desde 1818 ocupaban y salir a otra ubicación les suponía una inversión excesiva para sus posibilidades. Por otra parte, la publicación de libros, con autores jóvenes, tiradas obligadamente pequeñas y de distribución local, más aún cuando muchos de los libros estaban en euskera, era entonces desgraciadamente deficitaria. Había ayudas a la publicación en euskera, pero sólo atendía a la obra original, y no a la traducción de textos clásicos, por mucha carencia que hubiera de ellos en esta lengua. El caso es que La Primitiva Casa Baroja de tan larga y productiva vida en la trayectoria cultural donostiarra tuvo que cerrar. Pero las imprentas tienen una ventaja frente a otros comercios que cierran, por muy larga e importante que haya sido su trayectoria. De las imprentas quedan sus publicaciones, y los amantes de libros antiguos, o ahora en la cada vez más importantes bibliotecas digitales, podremos encontrar la huella de “Ignacio Ramón”, de “Antonio”, de los “Hijos de I.R.”, de “Josefa e Hijos” o de los Muñoz, siempre con el primitivo apellido Baroja que desde la esquina de la “Consti” acompañó durante tantos años el renacer de una ciudad y su desarrollo cultural.

Finalizamos recordando el lema que Ignacio Muñoz-Baroja escribió en la fachada de la imprenta “Esta es y no otra la primitiva casa Baroja”.

Agradecemos a Mariaje y Coro Muñoz-Baroja la valiosa información prestada y el testimonio gráfico aportado.

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