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Café de la Marina

Caf de la Marina
Garibay, 2
Fundador: Gerardo Monigatti
Año de apertura: 1867  |  Año de cierre: 1946

· Historia

El derribo de las murallas en 1864 fue para San Sebastián un impulso fundamental en su desarrollo. Como no podía ser de otra forma, la expansión de la ciudad dividió a sus vecinos en dos bandos, prevaleciendo el criterio de quienes apostaban por la Alameda y el Campo de Maniobras (Alderdi Eder), sobre los que mantenían una postura favorable a una mayor edificación en la zona.

La nueva ciudad comenzó por la que durante decenas de años se conocería como la casa del Café de la Marina y por las esquinas de las calles de Oquendo y Hernani. La casa la construyo el arquitecto donostiarra José Galo Aguirresarobe, siendo propiedad de Martín Oteiza.

En 1867, más concretamente el 17 de Febrero, se inauguró el Café de la Marina, de la mano del suizo Gerardo Monigatti, con un gran baile de máscaras.

Rápidamente se puso de moda hasta el punto que era lugar de culto para todo el que venía a San Sebastián.

Juan Mª Peña en su libro “El San Sebastián que fue” lo definía como uno de los locales más espaciosos y cómodos en su género. Continuaba diciendo: “Tenía una altura de siete metros y una decoración muy al gusto de la época que dirigió Eusebio Azkue, quien pintó en diecisiete medallones los retratos al óleo de hijos ilustres de Guipúzcoa. Allí estaban las figuras de Juan de Urbieta, Manuel Larramendi, el Conde de Peñaflorida, Cosme Damián Churruca y Elorza, Catalina de Erauso, Juan de Idiáquez, Antonio de Oquendo, Juan de Lazcano, Esteban de Garibay, Andrés de Urdaneta, González de Andía, Juan de Echaide, Miguel de Bidazabal, Miguel López de Legazpi, Juan Sebastián Elcano, San Ignacio de Loyola y Blas de Lezo.”

En 1907 al reformarse el café se retiraron los retratos y al cerrarse en 1946 llegaron a la Caja de Ahorros Municipal.

Los hermanos Pepe y Luís Kutz, propietarios del café Kutz de la Avenida con Fueros, se hicieron con la propiedad del Café de la Marina a principios de siglo. Cambiaron el nombre por el de Kutz, hasta años después en que volvió a retomar el nombre inicial coincidiendo con la compra del mismo por Florentino Rojo, propietario, en el año 1926, de los cafés Marina, Norte, Rhin y Royalty.

En 1934, el 17 de Marzo, se volvió a inaugurar tras una profunda remodelación, tanto interior como exterior. Andrés Hautreux, gerente del Café, encargó la reforma al dibujante donostiarra, Ramón Elizalde, y cuentan las crónicas que tuvo una magnífica aceptación.

El éxito del café fue imparable durante toda la Belle Époque. Los diarios de Madrid decían en 1913: “¿Quién es el afortunado mortal que consigue sentarse junto a un velador del Café de la Marina en el mes Agosto? “.

Los veraneantes se agolpaban e intentaban hacerse con un espacio donde tomar las bebidas de moda, como el aperitivo "mazagrán", que se componía de café, hielo, ron, limón y azúcar.

Era el Café más elegante de la ciudad y al que iban los clientes más selectos, entre los que destacaban los toreros, políticos, artistas, periodistas y la aristocracia que veraneaba en San Sebastián. Allí iban Gayarre, Castelar, Gil Baré (Gabriel María de Laffitte-Alcalde de la ciudad en 1917), el Guerra, Mazzantini y más de una vez al gran Duque Wladimiro, hermano del Zar de Rusia acompañado de sus hijos.

Hay muchas anécdotas, pero dos dan idea de que era el punto de reunión de todo lo que acontecía en la ciudad, trágico o lúdico.

En 1875, en plena guerra carlista, el Gobernador militar, un señor alto, enjuto de carnes y de grave y severo continente, hacía ostentosa gala de un valor temerario, heroico. Con ademán reposado y sin apresurarse nunca, paseaba tranquilamente por el boulevard, el Campo de maniobras o la Zurriola; sonaba la campana que avisaba el peligro y él no solo no procuraba esconderse, sino que ni siquiera volvía la cabeza y continuaba su paseo como si tal cosa.

Una tarde se encontraban en el entresuelo del Café de la Marina unos cuantos corresponsales y oficiales del Ejército, y al observar el valor sereno y frío del Gobernador militar, comentó uno de los periodistas:

¡Qué valor el de ese hombre! ¡Oye la campana como quien oye llover!
A lo cual replicó uno de los oficiales:
¡Qué sordera querrá Vd. decir!

En 1916 se encontraba, una noche, Gayarre paseando por el Boulevard con unos amigos, cuando comenzó a cantar a pleno pulmón una de sus romanzas favoritas. Al oírlo salieron del Café de la Marina todos los que allí se encontraban. Y relata el cronista: “En lo mejor del canto, como por escotilllón, surgió un sereno, el cual funcionario, incomodadísimo, enérgico y furioso, increpó duramente a Gayarre porque “con sus voces despertaba y molestaba a los vecinos, cosa terminantemente prohibida por las Ordenanzas municipales”.

Aquella terraza la describió Dionisio de Azcue en su libro “Mi pueblo Ayer” de la siguiente forma: “Llenas las mesas de la acera y el aire cargado de aquel aroma acre dulce del café clásico, se cruzan los ruidos de la vajilla con el grito afectado de los camareros. Sesgando la corriente del paseo, se acerca con vaivenes de gabarra y al fin atraca el maestro Rodorera, que acaba de dirigir “Las alegres comadres de Windsor”. Recala junto a Guetaria. El torero ceñido y pulquérrimo, con la pechera rutilante, alarga el pie al limpiabotas por entre la rueda de sus devotos. Llega una música de vientos y prorrumpe en el pasodoble del día: “agua, azucarillos y aguardiente”. Vocean tendidos y tabloncillos los revendedores. Pasa y repasa el asfalto la pollería elegante. Entre los “tirillas” destaca Gil Baré, con el primer “panamᔠy la primera corbata escocesa, así como más allá, entre la mesocracia del paseo de en medio, se divisa altísima la figura laminada de “Mixiforo”. Se oye a lo lejos la vocecilla de Pepito, el giboso, que grita “La Correspondencia” y el “Madrid Cómico”. En esto un triple redoble de tambor; un gran silencio. Junto a Plácido, aparece Salcedo, el pregonero magnífico. Se cala primero los lentes, se afirma en su pose de “condottierro” y lentamente, con engolada voz y el torso echado hacia atrás da comienzo al bando oficial. “Don Severo Aguirre-Miramón, conde de Torremuzquiz, Alcalde constitucional de esta ciudad, hago saber...”

Este fue el Café más elegante de la ciudad. En 1946 cerró sus puertas.

· Imagenes relacionadas

  • Caf de la Marina - Construccin del edificio donde se ubicara el Caf de la Marina. 1865
  • Caf de la Marina - Anuncio del Caf de la Marina en el ao 1902
  • Caf de la Marina - Caf Kutz tras la compra del Caf de la Marina por los Hnos. Kutz
  • Caf de la Marina - Caf Kutz tras la compra del Caf de la Marina por los Hnos. Kutz
  • Caf de la Marina - Caf Kutz tras la compra del Caf de la Marina por los Hnos. Kutz
  • Caf de la Marina - Fachada y velador del Caf de la Marina que volvi a tomar el primitivo nombre. 1920
  • Caf de la Marina - Velador del Caf con los Helados del da al fondo. 1920
  • Caf de la Marina - Camarero del Caf de la Marina. 1920
  • Caf de la Marina - Anuncio de los Caf propiedad de Florentino Rojo. 1924
  • Caf de la Marina - Caricatura de Florentino Rojo, uno de los propietarios del Caf de la Marina. 1925
  • Caf de la Marina - Postal del Caf de La Marina, Rhin y Royalty. 1928
  • Caf de la Marina - Inauguracin del Caf el 17 de Marzo de 1934
  • Caf de la Marina - Interior del Caf en 1935
  • Caf de la Marina - Fachada del Caf de la Marina en 1945
  • Caf de la Marina - Fachada actual del edificio donde se ubicaba el Caf de la Marina. 2010
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