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Librería Servan

Librera Servan
Plaza del Buen Pastor, 6
Fundador: Luis Servan
Año de apertura: 1893  |  Año de cierre: 1991

· Historia

De cómo recala Luís Servan en San Sebastián no han llegado muchas noticias a sus familiares, según nos relata Javier Biurrun bisnieto del mismo. Piensan que por el apellido podía haber venido de Francia a finales del siglo XIX, quizá como consecuencia de la Guerra Franco-Prusiana, conflicto que tuvo lugar desde julio de 1870 hasta mayo de 1871 y que provocó, como hemos comentado en alguna otra ocasión, que numerosos franceses pasasen la frontera y se instalasen en San Sebastián, dando algunos de ellos nombres galos a los comercios que abrían.

Lo cierto es que en 1893 funda la Casa Servan, una pequeña librería, en la calle Churruca, 8. Esta ubicación no fue tomada al azar si no que se debió a su cercanía al Instituto situado en la calle Andía, lo que le debió parecer fundamental como base del negocio. De tal forma que cuando el Instituto se traslada a la calle Urbieta, opta por seguirle y se instala en la Plaza del Buen Pastor, 6 donde se mantiene la librería hasta su cierre en 1991.

Luís Servan debía estar empleado en algún periódico local, dedicándose a la parte de impresión, porque como nos relata Javier Biurrun, su actividad se centra en dos vertientes, la impresión y la venta de material escolar.

Hombre dinámico vio una posibilidad en dar servicio a la Compañía del Tranvía, que se había fundado el 28 de agosto de 1886, y que para esa época había desarrollado sus líneas de una forma importante.

Ni corto ni perezoso se desplazó a Leipzig y adquirió una máquina impresora para hacer los billetes de la Compañía del Tranvía. Esta máquina, al parecer, específica para este tipo de impresión, sacaba los billetes seguidos, formando un rollo que el cobrador del tranvía llevaba e iba cobrando y entregando a los usuarios del mismo.

A Luís Servan le sucede en el negocio su hija Fermina que continúa con la venta de libros, material escolar y con algunos trabajos de impresión.

Los Biurrun llegan a San Sebastián desde Navarra y más concretamente desde Falces. Javier Biurrun, abuelo de quien nos relata esta historia, se dedicaba a temas relacionados con la construcción. Hombre emprendedor trasmite estas inquietudes a su hijo Tomás, ya nacido en San Sebastián, que se decanta por las actividades comerciales, aunque su primer trabajo fue en el Gran Casino Kursaal.

Esta época de la “Belle Epoque” con los Casinos funcionando y una gran actividad comercial en la ciudad, era muy propicia para personas como Tomás, con iniciativa y emprendedores. En el Kursaal trabaja en un puesto de responsabilidad controlando las salas. El trabajo funciona perfectamente hasta que en 1923 se prohíbe el juego y San Sebastián entra en una crisis económica importante. Algunos periódicos de Madrid inflaban la situación con titulares como, "San Sebastián es un cementerio porque no hay nadie y han cerrado los mejores hoteles".

Tomás Biurrun ante esta situación decide lanzarse a la actividad comercial de pleno y cerca del Gran Casino Kursaal, en la calle Peña y Goñi, abre la Droguería Biurrun, en el emplazamiento que hoy ocupa la Bodega Donostiarra.

Para esta época, se había casado con Ignacia Fraile Servan, hija de Fermina Servan, que comparte su trabajo en la droguería con la dedicación, cada vez más exclusiva, a la librería.

El negocio de la droguería va bien y Tomás decide cambiar su ubicación, dentro de la misma calle, a la esquina con Usandizaga. A partir de este momento la droguería pasa a llamarse “Droguería Urumea”.

Entre tanto Ignacia F. Servan está prácticamente al frente de la librería en la Plaza del Buen Pastor. Justo detrás del establecimiento, en la calle Urbieta, estaba el Bazar Castro, uno de cuyos hijos fue el fundador del “Bar la Espiga”, y que por diferentes motivos lo traspasaban. Tomás ve la posibilidad de ampliar el negocio y acaba convenciendo a Ignacia para ampliar, de tal manera que Servan para a convertirse en la librería de mayor dimensión de la ciudad, teniendo entrada por Urbieta y por la Plaza del Buen Pastor.

Tomás enferma y tiene que traspasar la droguería en 1940, pasando a colaborar en la librería. Su enfermedad se agrava y fallece en 1942.

Javier Biurrun, hijo de Tomás e Ignacia, que ya ayudaba en la droguería pasa a trabajar en la librería. Ésta sigue con los artículos de papelería, libros textos y librería general, siendo en ocasiones editores.

En los años 60, 70 y 80 los libros de texto fueron la parte esencial del negocio. Muchos fueron los donostiarras que pasaron a por las matemáticas de 2º o la química de 5º, libros que se exponían en mesas detallando la materia y el curso y que cada sufrido estudiante recogía con su lista del curso.

Llegó el final de los años 80 y era necesaria una renovación importante en el negocio. Crear sistemas informáticos específicos, dotarse de mobiliario expositivo más moderno, en definitiva hacer una inversión económica importante. Ninguno de los hijos de Javier y de Mª Ángeles Álvarez querían seguir con el negocio, por lo que sintiéndolo mucho, en 1991 decidió cerrar la librería tras 98 años de andadura.

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